Esta década es de transformaciones y crecimiento para Jenny. Se casa con su primer esposo, William Quiñones Bujosa, quien fue una ayuda importante para su crecimiento profesional y familiar.

Jenny siempre tuvo tan buen ojo para los negocios como para la estética:

“Quería una tienda en un lugar de turistas, en la que la gente pudiera comprar y encontrar algo que fuera hecho aquí, con materiales del país, y que se pudieran llevar como un recuerdo de República Dominicana. Un día estaba reunida con Sully Bonnelly y Rodrigo Rodríguez, y ellos me dijeron, que la que más trabajaba en diseño y la que más sabía de eso era yo. Lo que ellos hacían eran vestidos de fiesta y lo mío era muy práctico, fácil de ponerse. Para mí eso no era diseño, porque yo no lo entendía. Entonces, fue cuando entendí que eso era lo que yo era, una diseñadora”.