En nuestro taller no hay desperdicios, lo cual no es casualidad y no es sólo una decisión basada en optimizar los recursos. Desde antes de que conceptos como el reciclaje o la sostenibilidad estuvieran tan presentes como hoy, Jenny tuvo la sensibilidad de poner como prioridad que sus piezas fuesen reusables,
Confeccionando las piezas para que perduren de generación en generación, norma que ha permanecido hasta el día de hoy. En este año ese compromiso toma un nuevo matiz al colaborar con su gran amiga Quisqueya Henríquez en una campaña llamada “no la mires, mírame” que más que sólo publicidad, era una reacción ante lo que ocultamos como sociedad, los problemas no resueltos de la ciudad, como la basura. Una de tantas decisiones atrevidas en las que encontraba belleza donde nadie la buscaba.

Este año abre en Casa de Campo una tienda de Jenny Polanco en conjunto con Bibi León, otra hermana junto a la cual emprendió. Bibi con sus piezas del hogar pintadas a mano y Jenny con sus diseños resort, un concentrado exquisito de lo mejor del estilo caribeño que recibió aceptación inmediata. Puede que el momento más especial de esta tienda haya sido aquel en el que la mismísima Elizabeth Taylor atravesó el umbral para mucho más que “just look”. Compró toda la colección de collares en exhibición y no conforme con esto busca la forma de contactar a Jenny para invitarla a su villa porque quería conocer más de ella y sus collares. “Estuve 5 horas con ella, le hable de mi país, de mi ropa, de mis piezas y le mostré como yo las llevaría. Ella en cambio uso los collares de dos en dos y de tres en tres. Algo que para mi era impensable…”entrevista El Nuevo Día, septiembre 2003.

“Estuve 12 años en el mercado fuera de mi país, vendía en Puerto Rico y tenía boutiques en Santo Domingo, pero llegó un momento en que la vorágine de cumplir con la demanda de lo que cada tienda pedía me alejo de la delicia de crear a mi propio ritmo, a mi antojo, y decidí concentrarme en lo que me gusta, aunque para ello sacrificara exportar mi nombre. Guardo recuerdos preciosos de esos viajes a Puerto Rico para entregar y tomar órdenes, ver cómo se movía mi ropa. Ahora disfruto mucho hacer lo que me gusta, diseño para mi gusto y para el de la clienta que sigue la moda mundial. Eso sí, he decidido que el que quiera comprar mis piezas tiene que venir acá. No soy un producto globalizado.” entrevista El Nuevo Día, septiembre 2003.